El miedo a conducir puede aparecer incluso en personas que llevan años conduciendo con normalidad. A veces empieza después de un susto, otras tras pasar mucho tiempo sin coger el coche y, en algunos casos, simplemente notas que cada vez te sientes menos seguro al volante.
Quizá todavía conduces, pero evitas la autopista. O prefieres que otra persona conduzca cuando el trayecto es largo. Puede que antes de salir ya estés pensando en el tráfico, en dónde podrás parar o en qué pasaría si te sintieras mal.
No siempre significa que tengas una fobia. Pero cuando empiezas a adaptar demasiado tu vida para evitar conducir, merece la pena prestarle atención.
Por ciudad voy bien, pero la autopista me supera
Es una situación bastante habitual.
Puedes conducir tranquilamente por calles conocidas y, sin embargo, notar un cambio en cuanto tienes que incorporarte a una carretera rápida.
A veces aparece tensión, respiración más rápida o la sensación de querer llegar cuanto antes a la siguiente salida.
Y entonces surgen pensamientos como:
“¿Y si me mareo?”
“¿Y si me pongo nervioso y no puedo parar?”
“¿Y si pierdo el control?”
La carretera no ha cambiado, pero la forma en la que tu cuerpo interpreta la situación sí.
¿Por qué antes conducía sin problemas y ahora me da miedo?
Esta es una de las cosas que más desconcierta.
Hay personas que han conducido durante diez o veinte años y un día empiezan a sentirse inseguras.
Puede ocurrir después de un accidente, de un susto al volante o de haber vivido una crisis de ansiedad conduciendo. También puede aparecer después de una temporada de estrés o tras pasar mucho tiempo sin utilizar el coche.
Otras veces no existe un momento concreto que lo explique.
Lo que sí suele ocurrir es que, cuando una experiencia conduciendo nos asusta, la siguiente vez estamos mucho más pendientes de que no vuelva a suceder.
Y esa vigilancia puede terminar aumentando todavía más los nervios.
El miedo no siempre hace que dejes de conducir
Muchas personas imaginan que tener amaxofobia significa ser incapaz de subir a un coche.
No necesariamente.
Puedes seguir conduciendo todos los días y tener miedo.
Quizá eliges siempre la misma ruta aunque tardes veinte minutos más. Evitas los túneles. No conduces de noche. No haces viajes largos. O necesitas que alguien te acompañe.
Son pequeños cambios que al principio parecen poco importantes.
El problema es cuando cada vez necesitas hacer más cosas para sentirte tranquilo.
Evitar ayuda… pero solo durante un rato
Supongamos que tienes que ir a un sitio por autopista y decides finalmente ir en transporte público.
Lo más probable es que sientas alivio.
Y precisamente ahí está la dificultad.
Tu mente puede interpretar ese alivio como una confirmación de que evitar conducir ha sido lo correcto.
La próxima vez aparece la misma preocupación y vuelve a resultar más fácil evitarlo.
Así, sin darte cuenta, tu zona de comodidad puede ir haciéndose cada vez más pequeña.
Por eso superar el miedo no suele consistir en esperar hasta sentirse completamente seguro.
Muchas veces la confianza vuelve después de empezar a hacer pequeños cambios, no antes.
Volver a conducir también puede ayudarte a confiar más en ti
Cuando llevas tiempo evitando algo, es fácil empezar a pensar:
“Ya no soy capaz.”
“Antes podía hacerlo.”
“Necesito depender de alguien.”
Y eso puede acabar afectando a cómo te ves a ti mismo.
Por eso recuperar pequeños trayectos puede tener un efecto que va más allá de conducir.
El día que haces solo un recorrido que llevabas meses evitando, no has ganado únicamente unos kilómetros.
Has tenido una experiencia que te dice:
“Me daba miedo y aun así he podido hacerlo.”
Esa sensación de capacidad puede ayudar a recuperar confianza.
No significa que de repente desaparezcan todas tus inseguridades, pero empiezas a tener pruebas reales de que puedes enfrentarte a cosas que antes parecían demasiado difíciles.
Si notas que esa falta de confianza también aparece en otras áreas de tu vida, puedes conocer cómo trabajamos la autoestima y la seguridad personal.
¿Cómo se trabaja el miedo a conducir?
No se trata de meterte directamente en una autopista para demostrarte que puedes hacerlo.
Primero conviene entender qué es exactamente lo que te asusta.
Para una persona puede ser sufrir un accidente. Para otra, sentir ansiedad y no poder detenerse. Otra puede seguir afectada por una experiencia anterior.
A partir de ahí se puede trabajar de forma progresiva.
Quizá empezar por volver a hacer un trayecto conocido. Después conducir solo. Más adelante probar una carretera que has estado evitando.
El ritmo depende de cada persona.
Si la ansiedad es lo que más está condicionando tu conducción, puedes conocer nuestro enfoque de tratamiento de la ansiedad en Madrid.
Cuando el miedo apareció después de un accidente o de una experiencia especialmente difícil, también puede tener sentido trabajar lo sucedido desde una perspectiva de terapia para trauma emocional.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
No hace falta esperar hasta dejar de conducir completamente.
Puede ser buen momento cuando notas que cada vez evitas más trayectos, necesitas ir acompañado o empiezas a renunciar a cosas porque implican coger el coche.
También cuando llevas tiempo intentando recuperar la confianza y siempre acabas volviendo al mismo punto.
La pregunta puede ser bastante sencilla:
¿Estoy eligiendo cómo moverme o es el miedo quien está eligiendo por mí?
Si cada vez decide más el miedo, puede merecer la pena trabajar lo que está ocurriendo.
Miedo a conducir o amaxofobia: recuperar libertad poco a poco
En ocasiones hablamos de amaxofobia cuando el miedo a conducir es intenso y acaba interfiriendo notablemente en la vida.
Pero el nombre es menos importante que lo que te está pasando.
Quizá quieres volver a conducir para ir a trabajar sin depender de nadie.
Hacer un viaje.
Visitar a alguien.
O simplemente dejar de pensar durante todo el día en el trayecto que tendrás que hacer mañana.
Recuperar el volante no significa tener que disfrutar conduciendo.
Significa que el miedo deje de decidir por ti.
Si notas que la ansiedad al volante está limitando tu vida, puedes conocer cómo trabajamos el tratamiento de la ansiedad o, si te resulta más cómodo, valorar la opción de terapia online.
El objetivo no es conducir sin sentir nunca miedo. Es volver a sentir que puedes elegir.




